The Mistress lubes her fingers, one by one, her gaze locked on her slave’s trembling body. She slides the first finger into his urethra with slow, deliberate pressure, watching his hips jerk as the intrusion stretches him. She doesn’t stop — second finger, then third, each one pushing deeper, making his sensitive channel to yield. Her nails are short, her touch precise, her control absolute. She works her way toward the fourth, her knuckles pressing against his opening, testing his limits, her voice a calm command: “Take them all.” He gasps, his body a battlefield of tension and surrender, as she pushes to claim every inch of his urethra. La Señora lubrica sus dedos, uno por uno, su mirada fija en el tembloroso cuerpo de su esclavo. Introduce el primer dedo en su uretra con presión lenta y deliberada, observando cómo sus caderas se sacuden ante la invasión que lo estira. No se detiene — segundo dedo, luego tercero, cada uno empujando más profundo, obligando a su sensible canal a ceder. Sus uñas cortas, su tacto preciso, su control absoluto. Avanza hacia el cuarto, sus nudillos presionando contra su entrada, probando sus límites, su voz una orden calmada: “Tómalos todos.” Él jadea, su cuerpo un campo de batalla de tensión y rendición, mientras ella empuja para reclamar cada centímetro de su uretra.